Feliz cumple amor de mi vida

Por Franco B.

San Martin 109 Años de un sentimiento inexplicable que uno lleva adentro. Más que otro cumpleaños, o aniversario, este 27 de Septiembre es una excusa. Para agradecer a la vida por esto, para palmear al destino, o el domingo para hacerlo con el viejo, abuelo o tío, El que te llevó por primera vez, el que te compró la primer camiseta. Porque San Martin va más allá de un instante. Es eternidad de la más original y pura. Es tu hijo que vendrá en algún momento para que continúes con la hermosa historia, es tu carnet que es más que tu documento. Tu entrada luego de una fila interminable. El pasaje a la felicidad merece cualquier tipo de sacrificio. Es la historia viva. La que escribieron los que dejaron la vida en cada partido, y los que dejamos la garganta en cada tribuna. Es lo que allá lejos y hace tiempo en esa peluqeria de Don Alcotta un grupo de jóvenes entusiastas comenzaron a darle vida… San Martin es la complicidad con el que tenés al lado en la popular. O el tipo que te comenta sobre los equipos gloriosos en alguna platea. San Martin es familia, es amistad. Es el tipo que conociste al gritar ese gol en el último suspiro y que lo buscás desesperado para que sea cábala, o ese hombro donde descargar la bronca. La rabia, ¡y la puta madre que lo parió! San Martin es el jugador que al final del túnel ve la luz. Entra al paraíso. ¡Ay, quién pudiera! Esa suerte de unos pocos, envidiada y agradecida por millones. Porque ellos “salen a ganar, quieren salir campeón. Porque lo llevan adentro como lo llevo yo…”. Y cuando no se da, Ese luto que dura unos días, hasta que la esperanza, se instalaba en el pecho. Domingo a domingo. Día a día. Nosotros los hinchas Somos los mortales que un día vamos a morir. Pero que nos iremos con la tranquilidad de haber vivido el amor más puro y eterno. Quedarán los pobres, los humildes, los apasionados. Los que lleguen al domingo con lo justo para la entrada, los que pidan ganar como sea. Los que piden por amor a la camiseta. Los que sufrirán por amor. Un amor que nació de golpe. Como un fuego que nos quema y nos enciende. Que no se extingue, que no se apaga. Que lleva en alto el nombre de la gloria.